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El verdadero significado de las máximas pitagóricas

pitágoras

¿Cuál es el verdadero significado de las máximas pitagóricas que se refieren a cómo se ha de vivir? Descúbrelo a continuación. Nos adentrarnos en las profundidades de la escuela fundada por Pitágoras y rastrearemos sus creencias para comprender el verdadero significado de sus máximas éticas.

Si de los físicos presocráticos sabemos poco, el caso de Pitágoras es todo un misterio. Distintos autores lo ubican en distintos lugares en periodos similares de tiempo. Se ha llegado a pensar que su figura es una invención o bien que se trata de muchas personas bajo un mismo nombre. A pesar de todo, lo que sí parece contrastado es que a mediados del siglo VI A.C, se funda en Crotona una escuela que parece ser heredera de los misterios órficos y del culto a Dionisos.

LA INMORTALIDAD DEL ALMA Y LAS REENCARNACIONES.

De aquellos misterios, los pitagóricos tomarán la idea de volver a la vida, tras atravesar la muerte. Así le había pasado a Orfeo, quien, tras visitar el mundo de los muertos para pedir el rescate de su enamorada, pudo regresar (eso sí, sin ella) al mundo de los vivos. El mito de la vida después de la muerte, que tanto influenciará a Platón y, a través del neoplatonismo, al cristianismo, se transformará en los pitagóricos en la creencia en un principio inmortal (alma) que estaría encerrada en un cuerpo y, a la muerte de éste, quedaría libre. Una vez liberada del cuerpo, el alma estaría libre para habitar otro cuerpo, lo que Platón llamaba metempsicosis y el hinduismo conoce como reencarnación. De hecho, según los pitagóricos, cada alma completaría un ciclo de vida cuando, después de separarse del cuerpo de humano, pasase por reencarnar en los cuerpos de cada una de las criaturas animales, y luego volviese a reencarnar como humano. Entonces recordaría todas sus vidas pasadas, como al mismo Pitágoras, según cuentan, le ocurría. La filosofía era considerada un instrumento para liberarse, a través del conocimiento verdadero del kosmos (orden del mundo), de la rueda de los nacimientos.

Esta creencia hacía que los pitagóricos, como aún los budistas de hoy en día, se decanten por una dieta vegetariana. El riesgo de comerse a algún pariente o amigo reencarnado en un animal quedó ilustrado por la anécdota que cuenta Diógenes, un poco, admitámoslo, para ridiculizar al maestro.

 Y en cierta ocasión, pasando junto a un perro apaleado dicen que sintió compasión por él y dijo esta frase: “Deja de golpearlo, que es el alma de un amigo mío, a la que he reconocido al oirla lamentarse”

Diógenes LaercioVidas de los filósofos ilustres, libro VIII, 36

Aprende más sobre el vegetarianismo de los pitagóricos en el blog de Panta Rei: https://todofluye.wordpress.com/2007/05/23/pitagoras-de-samos-5/

LOS NÚMEROS.

El número es una entidad maravillosa. Si lo piensas, verás que no hay números en la naturaleza. No nos encontramos un uno en ningún bosque, ni hay treses escondidos en la arena de la playa. Los números, son, por tanto, ideas. Ideas que no provienen de la experiencia como la idea de calor, sino de la razón. Sin embargo, el uno, por ejemplo, no sólo es una idea abstracta, sino que además, todas las cosas, cualquier cosa concreta que podamos percibir a través de los sentidos, y cualquier cosa imaginaria que podamos inventar, es una. O sea, lleva la unidad incorporada, por decirlo así, como característica propia. Pero no sólo eso, sino que podemos pensar en unidades conformadas por pluralidades, esto es, unidades grandes que cuentan, dentro de ellas, con unidades más pequeñas. Por ejemplo, un bosque, es uno, pero está hecho de muchas unidades menores llamadas árboles.

Pero además, los números, el uno, el tres, presentan otra característica propia de los dioses, a saber, que no cambian. El uno, es el mismo uno hoy que en la época de Pitágoras y da igual lo que pase en el mundo que seguirá siendo eterno e inmutable. Dadas estas características no es de extrañar el impacto que tienen los números en el pensamiento de los filósofos. Recordemos que Platón hizo escribir en la entrada de la Academia “Que nadie entre si no sabe metemáticas”. En efecto, los números son la prueba de que hay un mundo metafísico, esto es, más allá de la naturaleza física. Y más, este mundo eterno se revela no a los sentidos, sino al intelecto y sus leyes pueden descubrirse y comprenderse, como se demostrará con la lógica matemática. De manera que la matemática se convertirá con los pitagóricos, en la fuente principal de la fe en la verdad eterna y exacta y en el mundo suprasensible e inteligible.

Con sus maravillosas matemáticas, los pitagóricos hacen innovaciones en muchos campos del conocimiento. Además de su conocido teorema, los pitagóricos inventaron la escala musical, identificaron el lucero del alba con el lucero de la tarde, propusieron las unidades de peso y medida, escribieron las leyes para Crotona, postularon que la tierra era esférica y estaba rodeada del universo, que también lo era. Afirmaron que la luna no tenía luz propia sino que era iluminada por el sol. Incluso llegaron a la conclusión de que la vida en la tierra respondía al calor del sol y que sin éste no era aquella posible.

LAS MÁXIMAS PARA LA BUENA VIDA.

Los muchos estudios basados en las poquísimas fuentes que conservamos, arrojan una serie de máximas o mandamientos que según parece hubieran sido de mucha importancia en el seno de la secta pitagórica. La información más fiable al respecto habría sido trasmitida por Aristóteles y recogida después en el tratado de Jámblico sobre “La vida de Pitágoras”. Según el diccionario Akal de filosofía, corresponderían a tres cuestiones, a saber, la ontológica que trataría de responder a la pregunta por el ser; la cuestión moral que se pregunta por lo que es mejor; y la cuestión ética que indaga sobre qué se debe hacer.

Muchas de ellas nos pueden parecer absurdas si las tomamos al pié de la letra. Nos vamos a ocupara aquí de algunas de las máximas éticas, por ejemplo “No atizar el fuego con un cuchillo (o instrumento de hierro)”. Así, a simple vista, no parece tener mucho sentido. Tampoco aquella que dice, “No pasar por encima de de una balanza” o “No comer corazón”. Tenemos también las siguientes, a cada cual, más sorprendente: “No sentarse sobre el quénice” (el quénice era una medida de grano). “Ayuda a descargar un fardo pero no a cargarlo”. “Ten siempre bien remetidas las ropas de la cama” “No lleves en el anillo la figura de un dios”. “Borra las huellas que la olla hace en la ceniza”. “No restriegues las sillas con aceite”. “No orines mirando al sol”. “No pasees por los márgenes de las calzadas”. “No des la mano ligeramente”. “No dejes que aniden golondrinas en tu tejado”. “No cries aves con garras”. “Al salir de viaje, no te des la vuelta”. Siendo tan sabios, ¿No es sorprendente que algunas de las máximas que nos han llegado de ellos parezcan poco más o menos que una broma? .

LAS ENSEÑANZAS OCULTAS.

Vamos a descubrir, de la mano de Diógenes Laercio los significados ocultos de algunas de estas máximas, sin embargo hay muchas que quedan sin clarificar y nos invitan a hacer nuestras propias interpretaciones. Empecemos con las que sí nos son explicadas.

Según Laercio, estas máximas serían la expresión figurada de importantes enseñanzas para la vida.

“Con eso de no atizar el fuego con un cuchillo quería decir que no hay que agitar la furia y el exaltado rencor de los poderosos. Lo de no pasar por encima de la balanza es lo mismo que no pasar por encima de lo equitativo y lo justo. No sentarse sobre el quénice significa prestar atención tanto al presente como al porvenir, ya que el quénice es la medida del alimento cotidiano. Mediante lo de no comer corazón a ludía a que no se consumiera el ama en angustias y penas. Con lo de que quien emprenda un vieja, no se vuelva a mirar atrás, quería aconsejar a los que abandonan la vida a no quedar ansiosos de vivir y a no sentirse encadenados a los placeres de aquí.”

(VIII, 18).

Y ahí se queda Laercio “por no alargarse” dejándonos en ascuas sobre el resto de las máximas.

Y dado que efectivamente, no pasar por encima de la justicia, no consumirse en lamentaciones, no atizar la ira de los poderosos, etc. , nos parecen todas ellas enseñanzas dignas de reflexión sosegada y bien valiosas para nuestras vidas, incluso hoy en día, no podemos dejar de preguntarnos, ¿Qué querrían decir todas aquellas que Laercio no nos explica?

  • “Ayuda a descargar un fardo pero no a cargarlo”.
  • “Ten siempre bien remetidas las ropas de la cama”
  • “No lleves en el anillo la figura de un dios”.
  • “Borra las huellas que la olla hace en la ceniza”.
  • “No restriegues las sillas con aceite”.
  • “No orines mirando al sol”.
  • “No pasees por los márgenes de las calzadas”.
  • “No des la mano ligeramente”.
  • “No dejes que aniden golondrinas en tu tejado”.
  • “No cries aves con garras”.

Y bien… ¿tienes alguna teoría al respecto? o ¿sabes, a través de alguna fuente fiable, lo que significan? Entonces, no dejes de comentar…y que la sabiduría de los pitagóricos te acompañe!!.

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