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Los Reyes Magos y Zoroastro

Yoga en casa

Sabías que los Reyes Magos no eran Reyes pero sí Magos?

Y que ser Mago, en la época, significaba ser sabios científicos, astrónomos y seguidores de Zoroastro?

¿Y quién era Zoroastro?

Zoroastro es el sabio persa que escribe los Ghatas, una colección de versos donde se dan las claves para ser feliz.

La receta de Zoroastro es una que se defiende aún en los gabinetes de psicología de nuestra época:

Buenos pensamientos- Buenos sentimientos- Buenas acciones.

Las ideas de Zoroastro están emparentadas con las Indúes, ya que provienen de la misma familia Indo-Aria.

Buda y Zoroastro viven aproximadamente en el mismo momento histórico y la meditación es la práctica fundamental de las enseñanzas de ambos.

El culto originario del hinduismo, así como el de zoroastrismo es a Mitra, el Sol.

La luz del Sol permite que todo lo que hay en el mundo aparezca ante nuestros ojos. Esta idea será, siglos después, esencial para la teoría del conocimiento en Platón.

La conciencia es el Sol individual, que nos permite ver los contenidos de nuestra mente, nuestros pensamientos.

Como Buda, Zoroastro nos habla del poder de nuestros pensamientos, pues de ellos depende lo que sentimos y lo que hacemos. Sus enseñanzas nos dicen que el sufrimiento y la felicidad se juegan en gran medida, en aquello que hagamos con nuestra vida mental.

Si nos enmarañamos en pensamientos disturbadores, tendremos emociones tristes y  nuestras acciones retroalimentarán el ciclo de los sufrimientos. Si por el contrario encontramos la manera de pensar bien, nuestras emociones serán agradables, y nuestras acciones retroalimentarán el ciclo de la dicha.

Ahora, ¿podemos controlar o decidir lo que pensamos y cómo pensamos?

Ambos maestros enseñaron la meditación como aquella técnica que permitía mantener nuestra mente bajo control.

La concentración y la meditación constituyen ejercicios a través de los cuales la conciencia se desidentifica de los pensamientos. Al hacerlo, nos damos cuenta de varias cosas:

  1. No todo mi ser es los pensamientos que tengo. ¿Y esto qué significa?

Pues que cuando pienso “soy incapaz de resolver esta cosa” y no soy un practicante de la meditación, es muy posible que me lo crea, que realmente “sienta” que no soy capaz de resolver tal o cual cosa y que actúe en consecuencia.

Normalmente nos identificamos con lo que pensamos, hasta el punto de que las llamadas ideologías han sido en muchos casos el motor de la historia.

Yo soy liberal, decimos, anarquista, comunista, fascista, religioso, creyente, mahometano, budista.

Creemos firmemente que lo que pensamos nos define.

Cuando practicamos meditación nos damos cuenta de que esto no es así.

Las ideas, los pensamientos están en un plano, el mental. Están ahí, hay muchas, cambian, nos traen quebraderos de cabeza y contradicciones, a veces amistades y a veces enemistades, disgustos y alegrías, pero no nos definen.

Podemos observar las ideas en nuestra cabeza, podemos observar cómo juega la mente y cómo va de un pensamiento a otro sin parar.

Al observar, introducimos una distancia, la distancia nos da perspectiva, como a la artista que pinta, que de vez en cuando tiene que separarse de su lienzo para ver las cosas con perspectiva.

La perspectiva es esencial. A través del establecimiento de esa distancia, convertimos a la mente en un objeto de estudio y de observación.

2. La mente se convierte en el objeto de observación.

Cuando estamos identificados con las ideas de la mente decimos “Yo soy mis pensamientos”.

Ahora lo que era el sujeto (el yo) se convierte en objeto.

Abrimos así una subjetividad dimensional en la que hay un Yo que adopta una posición particular.

El sujeto de la percepción, del sentimiento, de la acción, el “Yo creo que”, el “Yo pienso que”, el “Yo quiero”, el “Yo siento”, el “Yo hago, hice o haré”, se convierte en objeto observado.

Como en una película, nos vemos pensando, sintiendo, haciendo, y lo cierto es que aunque desde la perspectiva del personaje, la peli sea la mayoría de las veces bastante dramática, desde el observador, es bastante graciosa, por errática y dolorosa que sea para el Yo.

3. Desconectamos los pensamientos de los sentimientos.

Cuando observamos la mente, nos damos cuenta de que los pensamientos van muy rápido, hoy pienso esto, mañana aquello, ahora estoy triste, ahora alegre, ahora de nuevo triste.

Al verlos pasar, nos damos cuenta de que dejan de arrastrar con ellos todo nuestro sistema emocional. Esto ocurre porque en lugar de vivir el pensamiento desde el personaje, desde el Yo, estamos viviendo el pensamiento desde el observador. Estamos viendo que Yo piensa X, y enseguida vemos que Yo, que pensaba X, piensa Y, y luego Z.

Cuando observamos a Yo, vemos que es muy fácil que si piensa “soy un desastre, todo lo hago mal, no sé hacer nada bien”, se identifique con este pensamiento y se sienta faltal.

Piénsalo, si creyeses de verdad que todo lo haces mal, ¿No te sentirías mal? Es normal.

Con la meditación logramos darnos cuenta de que ese pensamiento es un pensamiento, uno de los millones de pensamientos que producimos durante el día y que pansan por la mente de Yo.

Al observar ese, o cualquier otro pensamiento, este se va. Es verdad, pruébalo. Se va, sin que tu quieras que se vaya, solo por la observación, se diluye. En su lugar viene otro, que cuando lo observas, también se va. Y viene otro y otro.

Des esta manera desconectamos los sentimientos de los pensamientos, puesto que no es lo mismo

-soy un desastre-

que

-Yo está pensando que es un desastre-

La distancia hace milagros.

4. La libertad de acción.

Una vez que sabemos, mediante la observación de nuestra mente, que los pensamientos no tienen por qué hacernos sentir lo que ellos dictan, nuestra acción se abre a un espacio de libertad desconocido anteriormente para nosotras/os.

Esto es así porque normalmente funcionamos en automático, como no estamos entrenados para separar el pensamiento de la emoción y la emoción mueve a la acción, pues casi todas nuestras acciones son en realidad reacciones. Pero no reacciones hacia lo que nos pasa o lo de fuera, no. Reacciones a nuestros pensamientos.

La reacción al pensamiento es casi instantánea, pienso algo triste, mi emoción se colorea de tristeza y la emoción tristeza mueve a una acción igualmente triste. Si no salimos de este ciclo lo retroalimentamos y como no vemos el filtro que nuestra mente significa, estamos convencidas/os de que son los acontecimientos los que nos provocan la emoción- que nos lleva a la acción.

La libertad aparece al hacernos conscientes de nuestro filtro mental. Me siento así porque estoy pensando esto y este pensamiento puedo tratarlo como objeto de observación, entonces se diluye y viene otro. Sólo desde esta dimensión de tomar conciencia podemos independizar nuestras acciones del pensamiento-emoción inmediata.

Esto se llama dejar de reaccionar y empezar a actuar.

Mucha gente piensa que eso de meditar es desconectar del mundo sensible, del cuerpo, de la vida ordinaria común y corriente. Pero esto es una equivocación. Meditar permite encontrarte en el mundo de los sentidos, en tu cuerpo, en la vida común y corriente desde la perspectiva de una persona algo más libre. Por eso te permite disfrutar mucho más de lo sensible y de la sensibilidad, de la vida y de los demás.

Te encuentras en el mundo desde tu yo multidimensional (observador y observado) y no desde la perspectiva estrechísima del Yo. Meditando, te observas a ti siendo parte y comprendes cómo interactúas.

Haz la prueba.

Cariños,

Cris.

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